
Fue de las primeras pinturas que realicé a principios del noventa y seis, cuando aún no lograba entender la cruda realidad de la prisión y en ella plasmé la visión desgarradora, que me causó el enfrentarme por primera vez a ese mundo de la oscuridad; donde los seres humanos se reducían a la apariencia de figuras misteriosas postradas en la oscuridad de las celdas, pequeños espacios, en los que apenas se podían dar algunos pasos.
Eran los tiempos en que experimenté el mayor sufrimiento a causa los rigores de la prisión, aunque los años anteriores habían sido los peores según los relatos de quienes los soportaron; aquella vez, tres o más personas permanecíamos veintitrés horas y media al día en la estrechez de las celdas, que a duras penas eran para dos, con sólo media hora para desentumir los huesos en el patio del penal. Allí, ante el asombro de todos, después de algún tiempo, di las primeras pinceladas en la prisión; fue algo así como el segundo gran salto porque haría poco tiempo se les había permitido leer nuevamente los libros de la biblioteca del penal y esta vez, se producía un nuevo espacio que iba a ser prometedor.
En los años venideros, los trabajos artesanales que ya se empezaban a hacer, tomaron un giro sorprendente y fueron el punto de partida de una producción variada y de mayor calidad. Para entonces, dejaban atrás la parte más cruda del cautiverio, venían de la prohibición y del aislamiento persistente, donde estaba prohibido escuchar la radio, leer los periódicos, las revistas y los libros o cualquier palabra escrita; leer y escribir literalmente, donde incluso no se favorecía el trabajo. Como en la cárcel llamada “Libertad” de los Pájaros prohibidos de Galeano. Y, por libro apenas les permitían la biblia, para quienes en su mayoría no profesaban la fe Cristiana, debido a sus creencias políticas o bien, entendían a Cristo como el revolucionario que fue crucificado por sus ideales.
Allí, en la estrechez de la celda, pintaba sobre el lienzo pegado a la pared con cinta adhesiva, en el único espacio disponible de apenas un metro de ancho, la continuidad del que usaba en el piso en las noches al dormir. Aquellas pinceladas fueron las más dolorosas de mi vida y las di con los pocos colores que pude conseguir, a excepción del rojo y el negro que estaban prohibidos. El lugar, estaba iluminado tenuemente por la poca luz que pasaba entre los barrotes, desde una pequeña ventana en lo alto de la pared del pasillo que da a las celdas.
Sajiro, es un término del lenguaje empleado en la prisión, que se refiere a la oportunidad de hacer algo en un momento determinado, como por ejemplo; cuando pedían un “sajirito para ir al baño”, si la necesidad apremiaba. Sajiro en el 2025, habría sido la oportunidad que tenía de salir en libertad en la fecha, a los setenta y nueve años y al término de la condena de treinta años, impuesta por uno de los Tribunales Militares sin Rostros, que impartieron “justicia” sumariamente, violando los más elementales derechos de las personas. Tribunales que fueron eliminados junto a sus nefastos fallos por un mandato de la Corte de San José.
En aquellos tiempos, para salir durante unos minutos al pasillo de apenas un metro veinte de ancho, dispuesto frente a las dieciséis celdas de cada piso, había que pedir un sajiro especial y aquellos seres de apariencia humanoide que se pueden ver en la pintura deambulando entre los barrotes, éramos los presos al momento de “disfrutar del sajiro”; las siluetas atrapadas entre los barrotes es la representación de nuestra humanidad y la mujer en la parte superior, nuestros familiares angustiados por la perdida de la libertad del ser querido.
Pero en la pintura también está la paleta del pintor aprisionada entre los barrotes y aunque tétrica la visión reflejada en el lienzo, en la parte inferior, sobre los cerros estériles que bordean el penal, vuelan unas aves en señal de esperanza y las páginas suspendidas entre las cuerdas, no son más que un instante en la noche más oscuras de nuestra existencia y también la semblanza de la vida en medio del padecimiento.
Pacífico Castrellón Santamaría
Lima, 26 de enero de 2009.
Memoria de los penales del Perú.
La pintura: “Sajiro en el 2025” clasificó en la Bienal de Panamá de mil novecientos noventa y seis. Y, es parte de la colección de La Cancillería de Panamá.

