Son dos de las pinturas realizadas por mí el año 1995, cuyo tema es el de las muñecas ancestrales pre-incaicas; las pinturas, por ironía de la vida, como el pintor, padecieron en las prisiones peruanas.
El arte textil al igual que la cerámica fue ampliamente desarrollado por los pobladores originarios de estas tierras; el textil, tal vez es el más emblemático, en el que se expresaron con mayor libertad y calidad artística. A los mantos Paracas, nada hay que pedirles en comparación de las interpretaciones abstractas de la pintura, aún de nuestro tiempo. El arte textil, fue más allá de lo utilitario y en él plasmaron la visión de su mundo e incluso, llegó a dimensiones que podrían entenderse como la pintura mural de aquel momento.
La muñequitas, están hechas de pequeños fragmentos de telas e hilos, con los que magistralmente les daban vida, logrando verdaderas formas expresivas. Y, sin pretender de entendido, podrían haber cumplido una función pedagógica además de estética y utilitaria; como juguetes de niñas, pudieron haber servido para la enseñanza de la crianza de los hijos. Las muñecas sobreprotegían a sus propias muñecas y se enternecían con ellas. Hay que decirlo, también acompañaban a sus dueñas en el viaje al más allá y por ello se les encuentran en los entierros, eran más que una propiedad al parecer.
Por esa razón, las pinté en los submundos que tanto han preocupado al hombre, incluso más que la realidad, como la surrealidad y el más allá. Esta vez, en una suerte de auto contemplación.
La pintura en sí, no pretende hurgar en la visión del mundo que rodeaba a los antiguos pobladores de esas tierras y menos, desentrañarlo. Es una especie de comunión fugas con el pasado desconocido, que es lo que nos está permitido.
Pero si las pinturas tuvieran esas motivaciones y tales asombros; para mí resultaría aún más significante que fueran sometidas al martirio de la prisión por aquellas razones extrañas, tantas veces repetidas en la historia de la humanidad; donde se han hecho desaparecer los testigos de la cultura o las expresiones culturas como una manera de anular el pensamiento. Acciones propias de los barbaros que no entienden que pensar es una facultad del hombre, así como la de expresarse artísticamente entre otras.
Esta vez, no fue diferente, estas pinturas también permanecieron encarceladas durante años e incluso más que el pintor. Qué lucha he librado para que regresaran a mis manos, antes que las enviaran al museo del terror como pretendían algunos. Incluso, poco tiempo han pasado en mis manos, hasta hacerlas llegar a nuestro país donde podrán disfrutar de la libertad que nunca debieron haber perdido.
Estas pinturas, como las otras, que padecieron al igual que yo y tendrán siempre una significación especial, que los años me ayudarán a comprender mejor.
Pacífico Castrellón Santamaría
Lima 14 de febrero de 2009.
Las pinturas son parte de la colección de un amigo entrañable.
