
A medida que pasaban los años frente a mi celda, empezaba a imaginar una realidad distinta; tal vez, debido a mi percepción limitada o a lo traumático de la prisión, especialmente desde mi perspectiva. ¿Y, porqué no podría ser dual y hasta múltiple? - me preguntaba. Y, pensando la realidad como un mundo paralelo entre nosotros, con ligeros desfaces en el tiempo, en donde todo se reducía a imágenes que iban y venían a su antojo o al compás de fuerzas extrañas que hacían del tiempo su morada y que en determinadas circunstancias ocupaban el plano de la realidad. Y así, vi pasar las imágenes de quienes merodeaban amargamente en mi memoria e intranquilizaban mi imaginación; como fue el caso de los Jueces sin Rostros, el Dictador y su "Alter Ego"; al igual que otras figuras espectrales como Teszock Ente Rocka y Ferman Brian, dominados por la ambición y la falta de escrúpulos.
A todos los veía a través de la frialdad de las rejas o tras ellas; padeciendo igualmente. A los Jueces sin Rostros, los veía caminando indefinidamente en la estreches del abismo y al Dictador, atado en una caverna oscura y pestilente, con olor a muertos y a su "Alter Ego", aunque tirando de una pesada cadena, sonriendo irónicamente mientras iba de un engendro al otro. Y, a Teszock y Ferman, como aves extrañas atadas en un nicho al borde del abismo, mirando hacia abajo sin poder emprender el vuelo y escapar como siempre.
Los Jueces sin Rostros, de los Tribunales Militares o de Los Civiles, eran extrañas figuras ideadas por una mente que prefería la oscuridad, quienes "impartían justicia" con una escuadra al cinto, "justicia" o algo que llamaban así. Apostados tras los pasa montañas o las lunas polarizadas en las salas de audiencias, donde recalentaban el caldo enturbiado de las sentencias sumarias o sumarísimas, como prefería decir el Sha-Kall. Eran los tiempos en que las Organizaciones Subversivas o Terroristas como acuñó el Dictador, pretendían refundar el Estado Peruano empleando métodos violentos, que a menudo resultaban cruentos y para combatirlos, las fuerzas del Estado lo probaron todo al parecer, sin ninguna superioridad moral, incluyendo al sistema de "justicia" más inaudito.Las imágenes de los Jueces sin Rostros, que aún siguen en el anonimato, pasaban en silencio frente a mi celda y con el rostro encapuchado, como en una procesión de lo absurdo. Y, al parecer, tal impunidad habrá que dejársela a la justicia divina. Por ello, los pinté atados a la Cruz, para significar que sus conciencias sufren el martirio permanente por haber enviado a la cárcel a tantos injustamente. Tal barbarie, tuvo que ser revisada años más tarde en la justicia ordinaria, que no ocultó la cara e hizo justicia.
Tenían que pasar los años para que mis imágenes tomaran corporeidad y la primera vez ocurrió cuando el "Alter Ego" del Dictador hizo sus último viaje en helicóptero; iba en aquel momento a uno de sus juicios en el Penal de Lurigancho, al igual que yo al mío; a diferencia de que en un camión de la policía; esa vez, nos vimos frente a frente tras las rejas, él por crímenes contra la humanidad y yo por haber colaborado con una Organización Subversiva; involuntariamente como lo sé en mi fuero interno, lo que nos es fácil de probar ante una justicia escéptica por naturaleza. Para mí, se acercaba el fin del cautiverio y para él empezaba, irónicamente en el mausoleo que construyó para sus enemigos. Y, la siguiente imagen espectral acaba de hacerse realidad cuando sentenciaron al Dictador por crímenes de lesa humanidad, quien causó tanto dolor. Sé de el padecimiento que se experimenta en la prisión porque lo he vivido durante años y no me alegra que otro lo sufra pero Justicia es dar a cada quien los suyo.
Pacífico Castrellón S.
Lima, 24 de abril de 2009.
